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El famoso "déficit de atención" (Ernesto Reaño- psicólogo clínico y lingüista. Director fundador de EITA)

No uno sino muchos soles: de la “atención divergente” o del mal llamado “déficit de atención”.

Cuando Isabela empezó a gatear llegó hasta la azotea. Era un día soleado y no aparecía por ningún lado de la casa. El sol saludaba en las escaleras y ella accedió a su invitación en cada peldaño, impulsándose con sus bracitos y rodillas hasta llegar al centro y detenerse a disfrutar, también, de la leve brisa. Todo era perfecto salvo para sus atribulados padres que acaban de irrumpir en la escena, arruinándola.

Los textos psicológicos definen al “déficit de atención e hiperactividad” (TDAH) en torno a tres factores: hiperactividad, impulsividad y distractibilidad. Estos no son, por supuesto, deseables. En una sociedad como la nuestra, donde la competencia no tiene ya ninguna meta sino la de producir por producir dinero y bienes que no se han de disfrutar y donde se compite sin un objetivo claro, sin un gozo determinado, alguien con las características enunciadas al inicio será visto como un estorbo al funcionamiento social, a las aspiraciones de nuestra época.

Difícil que se comprendan en nuestras escuelas, que aún conservan el modelo de las fábricas de la revolución industrial, las palabras de la especialista Lara Honos-Webb en “The Gift of the ADHD”: “cuando los buenos estudiantes aprenden los detalles de la fotosíntesis, lo chicos con TDAH miran por la ventana y se preguntan si funcionará en un día nublado”.

Los padres que interrumpen a Isabela en su ímpetu explorador, el sol, el día nublado. El sol no está en el aula sino en otra parte, cualquiera, al menos, nunca está encerrado. Estas personas necesitan de espacios amplios y libres para que ese ímpetu (que mal se llama “impulsividad”) encuentre su objetivo, que no es uno sino muchos, distintos en cada momento; la virtud del explorador es estar listo para cambiar la mirada (que no es ni estar “desatento” ni no poder “enfocarse”) y ¿de qué servirían estas dos aptitudes si no estuviesen cargadas de vitalidad y movimiento (trastocadas apara siempre en la palabra “hiperactividad”) para poder seguir en la búsqueda que les dicta su curiosidad innata?

Esto que vemos como “trastornos” y “déficits” pueden ser, mas bien, lo contrario. “Trastorno” supone que “algo” salió de su cauce, de la ruta esperada y se vuelve algo que hay que tratar de corregir en lo que se pueda. Pero sabemos que el cerebro de estas personas tiene un neurodesarrollo diferente, ni mejor ni peor, distinto. Conocemos que en ellas se da un fenómeno llamado “neotenia”, es decir, el “mantenerse joven”, la conservación de cualidades de la infancia en las etapas posteriores del desarrollo; los cerebros de estas personas, en términos de ser más “maduros” socialmente, se plasman con posterioridad a la de sus pares, conservando aquellos rasgos de la infancia indispensables para nuestra especie: la flexibilidad, la espontaneidad, la curiosidad, el pensamiento divergente. Jacques Brel se refería a los adultos como “desertores”: tal cual.


“Déficit” se antoja una palabra errada pues no tienen dificultades en prestar atención sino que la suya se muestra de manera incidental: no va hacia lo que los otros suelen observar sino en los detalles que constituyen un objeto: su forma, color, el sol que revela lo que también ensombrece.

Hoy Isabela tiene 9 años y los soles de su atención son pájaros espirales de una lógica poco perceptible para quien quiera ver las cosas desde un sólo lugar. Nunca he pensado ver en ella un “déficit de atención” (aunque ese sea el nombre oficial para la escuela) sino siempre digo que es “atencionalmente divergente”: su atención, simplemente, no sigue las normas. Ella como el cinco por ciento de la población mundial que presenta estas virtudes, son “cazadores en un mundo de granjeros” según feliz expresión del especialista Thom Hartmann. No está mal ser lo uno o lo otro, el problema es cuando los segundos quieren detener y sedentarizar a los primeros. Y ellos son similares a los nómades; las profesiones que van desde la aviación al arte y la enseñanza llevan en sí ese espíritu inquieto que ansía la aventura y mira hacia todos los horizontes… ¿nos atrevemos a salir, de vez en cuando, de la competencia inútil, de la productividad enfermiza y de nuestra sociedad adormecida y participamos de sus anhelos?
En este mundo tan gris y adulto ellos son, muchas veces, el sol.

Macarena Arribas2 Comments